Fugir era el més bell que teníem, de Marta Marín-Dòmine

Fugir era el més bell que teníem, de Marta Marín-Dòmine (Club Editor)

[Edición en catalán]

Difícil de etiquetar. No es un libro de memorias, en este caso de las memoria del padre de la autora, niño crecido entre Francia y Cataluña, entre el exilio y el retorno en la postguerra de los vencidos de la guerra civil española.

Es más bien un libro sobre la memoria, sobre las capas que van configurando nuestra propia memoria, hechas de recuerdos, ficción y realidad, en idas y venidas, en zigzag, en espiral o de golpe como en una pesadilla.

Aunque tiene forma de diálogo-monólogo con el padre imaginario (muerto) y con las memorias escritas que este ha legado a la hija y que finalmente, después de un año la autora se decide a leer,  la historia es un errar, que no huir, entre los sentimientos, los recuerdos, las reflexiones y la propia existencia de la hija y del padre.

El lector asiste a ese diálogo imposible pero necesario para recolocar la rabia de la generación que creció sin guerra pero que asistió a esos silencios y murmullos de la generación anterior, que sí la sufrió y se vio condenada a una larga, triste y dolorosa postguerra. ¿Qué hacer con esa rabia? ¿Huir es la solución? ¿El exilio físico e interior de ese lugar – Barcelona en este caso – en el que la vida se hace dolora es la única opción?

Este profundo e intenso texto nos muestra que puede haber otro camino, aunque el precio sea un continuo errar, moverse, trasladarse, cerrar los ojos y dejar que la literatura permita habitarlo. Y al final siempre está la frontera – Portbou en este caso – “un pueblo a medio camino del sueño, la pesadilla, la realidad y la esperanza” que permite mirar al cielo, sonreír y esperar otro paisaje a la vuelta de la esquina.