Reseña: Por una política afirmativa-Itinerarios éticos, de Rosi Braidotti

Rosi Braidotti

Por una política afirmativa. Itinerarios éticos

Gedisa, 2018

Un libro que explora filosofías y prácticas políticas poniendo el foco en la perspectiva ética, con el punto de partida en el spinozismo éticode Foucault, Deleuze y Guattari y las teorías feministas  de Irigaray y Haraway.

Su motivación es la urgencia de respuestas colectivas a los problemas acuciantes de la sociedad posthumanista del capitalismo avanzado, donde las infotecnologías han agudizado la atomización social y la manipulación del llamado régimen político de la “posverdad”, alimentan emociones negativas como el resentimiento, el odio, el ansia o el miedo. En ese contexto de depresión y burn-out, la única respuesta parece ser la gestión psicofarmacéutica de las poblaciones. Además, la intervención biotecnológica sobre animales, semillas, células madre, etc. determina un control científico, económico y mercantil de “lo que vive”. Pero la vida, recuerda Braidotti, no puede ser propiedad de una sola especie (la humana), la vida se afirma en cuanto transespecie y no-humana. Para Rosi Braidotti nuestra política global está orientada a la guerra y ligada a la muerte, con intereses biopolíticos que alimentan el warfare, con dispositivos necropolíticos de control a escala global y con la paranoia omnipresente de una catástrofe inminiente (desde el desastre ambiental al ataque terrorista).

En tiempos de la alianza entre neoliberalismo y nuevas tecnologías, Braidotti se pregunta en qué medida la ciencia y la tecnología abren espacios para la alternativa, para la creación de nuevos comportamientos éticos y prácticas políticas. Teniendo en cuenta que no puede haber soluciones individuales a problemas colectivos y que los hábitos mentales, las imágenes y el lenguaje tradicionales consolidados nos reconducen a modos preestablecidos de pensar, Rosi Braidotti aboga por desintoxicarse, por la desfamiliarización, por cambiar esas formas “legales de dependencia”

Los ensayos de este libro buscan dar modelos innovadores y alternativos de responsabilidad político-ética ante el inmovilismo y el egoísmo del pensamiento neoconservador. Están estructurados en dos partes diferenciadas, una primera sobre las prácticas políticas, socioculturales y artísticas transformadoras desarrolladas por los nuevos feminismos, como inspiradoras de lo que la autora está buscando. Y una segunda parte en la que delinea su propuesta de ética política de las subjetividades nómadas capaces de sostener una acción política afirmativa y colectiva. Entre los elementos que Braidotti redescubre, reescribe y propone, presento aquí un breve catálogo, en un intento de sistematizar su escritura, seguramente así buscada: atmosférica, integrada y, por momentos, caótica. La forma y el contenido son una única cosa, como mente y cuerpo en Spinoza, dentro y fuera en Deleuze. Por tanto me hago responsable única de esta forma de presentación, tan alejada del Braidottismo, pero necesaria para un primer vislumbramiento de sus teorías.

Itinerarios éticos, genealogía y proyectos de recomposición de la “humanidad”.

Rosi Braidotti toma como punto de partida en su itinerario de recomposición del concepto de humanidad después de la fallida del proyecto de la modernidad, por un lado la epistemología feminista, para la que cultura y naturaleza se desarrollan mutuamente, y por otro, la ética de Spinoza, donde la mente y el cuerpo no son dos sustancias separadas sino dos atributos de la sustancia misma; y nos propone la ética como la única y revolucionaria vía de acceso a la afirmación y la autoafirmación de la “humanidad”.

Según Braidotti, en la escuela de Lévinas y Derrida, seguida por Butler y Critchley, el acento cae sobre la vulnerabilidad entendida como rasgo característico de lo humano, y por ello, según la autora, en este paradigma postestructuralista la ética consistiría en vivir con la herida abierta, y la solidaridad y el amor de los otros se convierte en la gran exigencia ética. Sin embargo, a partir de algunas poderosas éticas políticas: de Spinoza a Donna Haraway, de Foucault a Deleuze; y prácticas: de las Riot Grrrls a las Pussy Riot, o las ciborg-ecofeministas, y activistas antirracistas y antiespecistas que crean nuevos imaginarios y formas de afectividad, Braidotti defiende la ética afirmativa, que no pretende anular el dolor, más bien quiere trascender la resignación y la pasividad que siguen a las heridas y las pérdidas. No se trata de negar el dolor, más bien de activarlo, de trabajar con y sobre él para transformar los aspectos negativos. Para ella, desde una perspectiva nómada y deleuziana, la ética es esencialmente el plano en el que es posible transformar las pasiones negativas en positivas, el nivel en el que es posible moverse, más allá del dolor.

Braidotti, por tanto, rechaza el universalismo moral y la tradicional concepción humanista del sujeto moral, eligiendo la ética como modelo potenciador del devenir, frente a la moralidad como protocolos y reglamentos preestablecidos. Igualmente, rechaza el individualismo liberal. Para ella no hay distinción yo-otro sino igualitarismo biocentrado. La fidelidad en la ética afirmativa nómada coincide con la conciencia de la propia interrelación con los otros, con la capacidad de afectar y ser afectados.

Itinerarios políticos de afirmación.

En el clima de miedo y ansia de las sociedades postindustriales de la era global de después del fin de la Guerra Fría en 1989, las instituciones sociales tienden a generar y alentar las pasiones negativas. Hay que salir de ese círculo paranoico-narcisista inyectando positividad en la práctica institucional o académica para transformarlas en un instrumento de producción de lo nuevo. Para ello el nexo razón-imaginación, teoría-pasión, es crucial. El activismo político es más eficaz si conecta la conciencia con la afirmación creativa.

Para Braidotti, el movimiento político que mejor encarna el impulso afirmativo es el feminismo. Para ella, la política feminista es crítica y a la vez afirmativa, pretendiendo la producción de un presente alternativo y la metamorfosis de la subjetividad a través de la resistencia difusa a los regímenes despóticos, la ocupación de espacios públicos y la búsqueda de alternativas para ser sujeto político. La política afirmativa pone el  énfasis sobre laVidaentendida como fuerza generadora.

Una nueva subjetividad: cíborgs, monstruos y sujetos nómadas.

El imaginario es un vínculo invisible y simbólico que nos liga a un contexto social que nos constituye como sujetos, y debe ser analizado en base a las relaciones de poder para llegar a generar los cambios necesarios que permitan apreciar las nuevas formas de corporalidad tecnológica y posthumana que ya circulan entre nosotros. Los imaginarios psicoanalíticos que rodean al inconsciente, conservadores, ligados a la familia y heterosexistas, no nos sirven. El psicoanálisis explicaba un régimen falogocéntrico, y puestos a elegir algo que ya existe, el feminismo, para Braidotti, ofrece una política transformadora.

Las subjetividades sexuadas en femenino no han ocupado la posición privilegiada del macho blanco de la especie humana y ese posicionamiento descentrado representa para la subjetividad “mujer” (subjetividad emergente de una historia de opresión y exclusión) poder ver la crisis de los valores convencionales de la modernidad como una oportunidad para posibilidades nuevas. La teoría feminista, con sus nuevas figuraciones, como los cíborgs, monstruos o sujetos nómadas, es decir, fabulaciones que expresan las posibilidades de representaciones positivas alternativas para las mujeres y la estrategia feminista actual de las repeticiones paródicas (a modo de Gertrude Stein) que rompen los parámetros de representación clásica, son políticamente potenciadoras porque apuntan a la subversión de los códigos dominantes.

En cuanto hibrido de cuerpo y máquina, el cíborg de Donna Haraway funciona como figuración que expresa interrelacionalidad y que  subvierte las distinciones clásicas de  categoría (hombre /máquina, naturaleza/cultura, varón/mujer, edípico/antiedípico). Braidotti actualiza el pensamiento de Haraway, que desplaza la centralidad de lo humano hacia lo posthumano: no hay ningún orden natural independiente de la mediación tecnológica. En particular, las biotecnologías de la fecundación asistida propician nuevas formas de representación y la deconstrucción del mito de la mujer-madre. Aunque, para Braidotti, una sociedad fascinada por las tecnologías y el imaginario posthumano que celebra múltiples cuerpos virtuales y establece el imperio de la mirada descarnada necesita nuevos parámetros éticos.

En un fenómeno general, los filósofos de la subjetividad posthumanística, como Deleuze, buscan esquemas de representación del sujeto más allá de los parámetros de la racionalidad logocéntrica. En Braidotti, también las nociones de no-humano, inhumano y poshumano emergen como rasgos de las subjetividades éticas nómadas.

Un nuevo materialismo corpóreo.

Para Baraidotti el cuerpo es materia provista de memoria, de memoria encarnada. Pero además, el cuerpo como factor constitutivo de la subjetividad donde se superponen códigos culturales en un conjunto “tecnológico” casi virtual, controlado por la industria psicofarmacéutica, la biociencia y los medios de comunicación, está en el centro de toda reflexión. Rosi Braidotti propone un materialismo radical contra la clásica negación humanista del cuerpo, la materia y la carne.

Seguidora de las teorías rizomáticas de Gilles Deleuze y su critica al psicoanálisis de Lacan por perpetuar una visión metafísica del deseo que lo conecta con un simbolismo descarnado y la negación de lo femenino, reducido a ausencia simbólica en un régimen falogocéntrico, Braidotti llama Zoea esa potencia generadora que esla fuerza fuera del dominio de lo humano, creadora de futuros posibles. En la portada de su libro, precisamente, encontramos la escultura Big motherde Luisa Piccinini,  un primate con rasgos femeninos que amamanta a un recién nacido humano, como un reconocimiento a los lazos transespecies y posthumanos. Así, el sujeto individual es resultante de una concatenación de fuerzas que se materializan en el espacio y el tiempo. La mente del sujeto, siempre encarnada, debe comprender sus afectos y pasiones, de donde derivan nuestros deseos, como sostiene Spinoza, y que configuran la potencia que activa nuestro cuerpo y lo mantiene en movimiento.

En este esquema, la esencia de un yo está contenida en sus interrelaciones con los otros, según una modalidad rizomática contraria al esquema de la oposición dualista. Ética significa fidelidad a esa potentia(impulso hacia la vida), deseo de devenir. Y una vida ética se traduce en la conciencia de la interconexión con los otros.

Itinerarios filosóficos.

La propuesta de itinerarios filosóficos que nos deja Braidotti transita entre los conceptos de pensamiento, filosofía y crítica.

Para Braidotti pensar es una actividad inconsciente impulsada por el deseo de conocer, el cual no se puede expresar a través del lenguaje porque es lo que permite el lenguaje mismo. Desde esta perspectiva, filosofía es lo que expresa y enriquece la subjetividad como entidad capaz de pensamiento. Por otro lado, la filosofía se funda en el discurso (conceptos, saberes, textos, ciencias) e intenta codificarlo y sistematizarlo; pero el discurso excede el poder de codificación de la filosofía como red compleja de verdades y debe recurrir a otros nuevos discursos sobre subjetividades, a medios audiovisuales, a nuevas tecnologías.

En todo caso, la función de la crítica filosófica debería ser la de crear las condiciones para la superación de la negatividad, desplegando fuerzas cognitivas, afectivas y éticas. Entonces, pensar significa crear nuevos instrumentos conceptuales que permitan relacionarnos e interactuar con los otros, y la teoría crítica concierne a las estrategias de las relaciones de afirmación. La filosofía libera el proceso de formación del sujeto de la negatividad para reconducirlo a la alteridad afirmativa.